Pasar al contenido principal

7-sep.-lunes de la 23.ª semana del T. O.

... hombres tan apegados a la ley, a la letra de la ley, no a la ley, porque la ley es amor; sino a la letra de la ley, que siempre cerraban las puertas de la esperanza

En el despertar de este lunes, te damos gracias por la vida, la salud y el bienestar con el que alegremente comenzamos nuestro caminar, contando con tu presencia y auxilio para poder realizar lo que nos encomiendas y pedimos tu auxilio para que todo lo que representará nuestras labores cuenten con tu santa bendición. 

“¿Hacer el bien o hacer el mal?”, “¿Salvar o dejar morir?”. Una vez más, se hace presente la pelea entre el imperativo de la ley y la necesidad de hacer el bien a la persona que sufre. La escena se produce un sábado en la sinagoga. La parálisis de un hombre en su brazo derecho tiene la culpa. ¿Curarlo o no curarlo? La ley es terminante, dicen los fariseos; el hombre es lo primero, lo proclamas Tú. 

En muchas ocasiones lo que justifica el egoísmo se disfraza de bueno, la injusticia, la desigualdad, el prejuicio, la marginación y tantos males que atentan contra la vida. Incluso se construye todo un entramado de leyes, costumbres y prácticas sobre eso supuestamente bueno. Señor, Tú pones en evidencia ese entramado perverso con una simplicidad radical y curas al hombre que tiene esta necesidad, porque tu misión es salvar, hacer el bien, posibilitar la vida y buscar nuestra felicidad. Haz que acerquemos más a Ti nuestros hermanos sin ponerles obstáculos.

En Ti confiamos, en tus manos nos ponemos y a tu corazón nos acogemos. 

Un muy feliz y encantador inicio de semana.

PALABRA DEL PAPA 

En el Evangelio del día, Jesús pregunta a los fariseos si es lícito o no sanar en sábado, pero no responden. Él, entonces, toma de la mano a un enfermo y lo sana. Los fariseos confrontados con la verdad callaban, pero luego chismorreaban por detrás... y trataban de hacerle caer.

Jesús reprende a esta gente que estaba tan apegada a la ley, que se había olvidado de la justicia e incluso negaba la ayuda a los padres ancianos con el pretexto de haber regalado todo al Templo. Pero ¿quién es más importante? ¿El cuarto mandamiento o el Templo?

Esta forma de vivir apegados a la ley les alejaba del amor y de la justicia. Cuidaban la ley, descuidaban la justicia. Cuidaban la ley, descuidaban el amor. Eran modelos: eran los modelos. Y Jesús para estas personas sólo encuentra una palabra: hipócritas. Por un lado, van por todo el mundo buscando partidarios. ¿Y luego? Cierran la puerta. Hombres de la cerrazón, hombres tan apegados a la ley, a la letra de la ley, no a la ley, porque la ley es amor; sino a la letra de la ley, que siempre cerraban las puertas de la esperanza, del amor, de la salvación... Hombres que sólo sabían cerrar. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 31 de octubre de 2014, en Santa Marta).

Cuidaban la ley, descuidaban la justicia. Cuidaban la ley, descuidaban el amor.
ORACIÓN 

Señor, sólo en la oración puedo encontrar el sentido que debo dar a los sucesos de este día. En la medida en que te ame y te escuche en esta meditación, en esa medida podré transmitir tu amor a los demás.

Reflexión 

El Señor impregnó de la savia saludable de las buenas obras aquella mano que Adán había alargado para coger el fruto del árbol prohibido, a fin de que, secada por la falta, fuera curada por las buenas obras. En esta ocasión Jesús acusa a sus adversarios que —con sus falsas interpretaciones— violaban los preceptos de la Ley; ellos defendían que en día de sábado era preciso no hacer ni tan sólo buenas obras, siendo así que la Ley, que prefiguraba en el presente lo que debía ser en el futuro, dice, ciertamente, que es el mal el que no debe trabajar, pero no el bien…

Has oído las palabras del Señor: «Extiende el brazo». Este es el remedio para todos. Y tú que crees tener sana la mano, vigila la avaricia, vigila que el sacrilegio no la paralice. Extiéndela a menudo: extiéndela hacia el pobre que te suplica, extiéndela para ayudar al prójimo, para socorrer a la viuda, para arrancar de la injusticia al que ves sometido a una vejación inmerecida; extiéndela hacia Dios por tus pecados. Es de esta manera que se extiende la mano; es de esta manera que sana (san Atanasio, obispo de Alejandría, doctor de la Iglesia).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.