Culminamos nuestra primera semana de noviembre y te damos gracias, Señor. Nos has regalado la alegría y la y la satisfacción de haber podido hacer las cosas según tu voluntad y la voluntad del Padre celestial. Hemos amado y hemos servido con corazón, generoso y espíritu disponible.
Ahora nos disponemos a meditar tu palabra, que siempre nos da aliento y fortaleza para seguir adelante. Hoy estamos ante una parábola desconcertante y contradictoria que solo se encuentra en el evangelio de san Lucas y se la conoce como la parábola del administrador deshonesto y que desde el inicio el relato nos genera extrañeza, porque parece que el amo —y hasta tú mismo— alaban la corrupción o el engaño en la forma de actuar y ser de un empleado deshonesto. Pero, como siempre, en tu predicación tomas sucesos de la vida diaria: hablas de un administrador que está a punto de ser despedido por la gestión fraudulenta de los negocios de su amo. «Éste le llama y dice: ¿Qué es lo que oigo decir de ti? (v. 2) Dame cuenta de tu administración, porque no vas a poder seguir…». He aquí el dilema del administrador ante un futuro incierto. Tiene que asegurárselo. ¿Qué se le ocurre hacer? Con astucia y habilidad, trata de negociar con los deudores para buscar su beneficio. Ciertamente es injusto lo que hace, pero es listo, astuto, un pícaro que diríamos hoy. Tu palabra no nos lo presenta como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora. No alabas el robo ni la inmoralidad, sino los recursos, la rapidez mental. Haces una crítica a los “hijos de la luz”, contrapones la pasión, el ingenio y la entrega que la gente del mundo pone en sus negocios temporales o materiales, frente a la apatía, indiferencia o falta de visión con la que a veces afrontamos las cosas del mundo o el mismo vivir de verdaderos discípulos.
Señor, que tu Espíritu ilumine y fortalezca nuestro caminar; que caminemos como hijos de la luz que obramos en rectitud y sinceridad. Amén.
Muy feliz viernes.
PALABRA DEL PAPA
En el relato vemos que un administrador es llamado por su Señor a “rendir cuentas”. Se trata de una imagen que nos comunica algo muy importante: nosotros no somos dueños de nuestra vida ni de los bienes que disfrutamos; todo nos ha sido dado como don por el Señor y Él ha confiado este patrimonio a nuestro cuidado, a nuestra libertad y responsabilidad. Un día seremos llamados a rendir cuentas de cómo hemos administrado nuestra vida, nuestros bienes y los recursos de la tierra, a Dios y a los hombres, a la sociedad y sobre todo a quienes vendrán después de nosotros. (…) Reflexionando sobre este relato, Jesús nos exhorta: «Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas» (v. 9). El administrador de la parábola, en efecto, aun en la gestión de la riqueza deshonesta de este mundo, encuentra un modo para tener amigos, saliendo de la soledad del propio egoísmo; mucho más nosotros, que somos discípulos y vivimos en la luz del Evangelio, debemos usar los bienes del mundo y nuestra misma vida pensando en la riqueza verdadera, que es la amistad con el Señor y con los hermanos. (Papa León XIV, Ángelus, 21 de septiembre de 2025)
